jueves, 16 de agosto de 2007

Sueldo ético.

Felipe Joui

Cientista Político
Alumno MBA Internacional
U Adolfo Ibañez


La semana pasada los dichos del obispo Goic pusieron el tema del sueldo mínimo o sueldo “ético” en la agenda política y en portada de todos los diarios.

El tema creo que se puede analizar en dos instancias o en dos aspectos, por un lado el tema económico en si, que significa económica y políticamente, o la factibilidad de la propuesta si se quiere. Y otro análisis es el que se puede hacer de la manera y el momento en que se nos presenta el tema.

Partiré con el primer punto . El sueldo mínimo es cada año tema de discusión, es más el tema se debatió hace un par de meses en el parlamento. Actualmente en Chile el sueldo mínimo es de 144 mil pesos cifra muchas veces insuficiente si hay un solo sostenedor y muchas personas que sostener. Los 144 mil pesos no son una cifra antojadiza o fijada unilateralmente, esta es una cifra pactada entre las posibilidades que puede ceder el gobierno, estudiada de manera que no impacte y mas bien beneficie y la CUT que vela por el bienestar de los trabajadores, por ende busca negociar mejores sueldos mínimos. Económicamente hay que tener ciertos cuidados o reparos al manejar el sueldo mínimo, no se debe manejar solamente de manera política. El subir el sueldo mínimo (ni siquiera a los 250 mil que propone el Sr Goic) trae consigo una serie de males y efectos que ya han discutido y expresado varios economistas, yo para poder sustentar mis dichos me apoyare solo en tres ideas:


- Desempleo: Subir significativamente el sueldo mínimo deriva en un alza del desempleo, esto por que los empresarios aumentarían sus costos en salarios y mano de obra y tendrían que prescindir de parte de esta. También aumentan los índices de desempleo producto de los jóvenes que dejan los estudios al ver las expectativas de ingresos más altos.

- Falta de inversión: Los altos sueldos son un desincentivo a la inversión en las empresas.

- Aumento desigualdad: De lo anterior podemos ver menos oportunidades y aumento en las diferencias en los sectores sociales.

Esto es en general en cuanto al aumento del sueldo mínimo, ahora la idea de establecer un sueldo “etico” de 250 mil, creo que se basa en puras buenas intenciones pero en muy poca factibilidad para la realidad chilena. Si ya teniendo el 2do sueldo mínimo más alto de Latinoamérica (Estado Nacional, domingo 12 de agosto) hay problemas para negociar el monto, no veo muy posible ni siquiera un alza a 200 mil. De esto me surgen las siguientes preguntas:

¿Quién lo va a pagar?

-¿los empresarios? No, lo dudo mucho y por no pagarlo se despedirá gente y las PYMES y empresas pequeñas verán extinguidas sus posibilidades de surgir ya que no podrán pagar esos sueldos.

¿El Estado? He escuchado opiniones de un fondo mixto entre estado y empresas (también he escuchado la barbaridad de que el Estado lo pague íntegramente) pero no creo que sea la solución, ni conveniente que el Estado subsidie infinitamente un sueldo “ético” en ese caso que financie un seguro de cesantía u otros beneficios laborales para todos. Si pudiera crear los mecanismos de financiamiento, pienso políticas redistributivas si fuera el caso, pero desembolsar más en gasto público y fomentar al estado benefactor, no creo que sea la opción.

¿Qué pasa con los que ya ganan cerca de los 200-250 mil? Bueno supongo que habría que reajustarlos también y así van subiendo todos los sueldos, la inflación y una serie de males económicos.

Creo que todas estas ideas desacreditan un poco la idea del padre Goic quien de muy buena fe y llevando el sentir de muchos ha puesto el tema en la agenda, pero de ahí a proponer un “debate nacional” para decidir sobre el tema, me parece poco acertado. Con esto me paso al segundo enfoque o aspecto del tema que hace alusión a como se propuso, quién y en el momento que se ha puesto el tema.

Históricamente la iglesia ha cumplido un rol de mediador social y con una reconocida y efectiva influencia. El tema lo puso el obispo Goic en boca de todos, en la agenda de gobierno, en la agenda de los partidos, y ha propuesto un debate nacional para tratar el tema. Esto después de que la iglesia se ha visto apagando otros incendios y contingencias sociales en las últimas semanas. Las preguntas que surgen pueden ser las siguientes:

¿Le corresponde a la iglesia comentar, opinar y proponer en materias de política económica? A mi parecer sí puede ser un actor relevante por el antecedente histórico, por la influencia y relevancia y por que si nadie más hace un llamado o nota los problemas, bien hace la Iglesia en sacarnos de nuestras vidas egoístas y hacernos ver la realidad. Ahora bien, Evelyn Matthei tiene un punto (o al menos creo comprenderla) al desacreditar las propuestas del clérigo, ya que no hay que ser muy experto en economía para predecir lo que ya señale en el punto uno y me parece que ahí esta el límite entre opinar y proponer “un debate nacional”, como si fuera materia de plebiscito o consulta vecinal cual es el sueldo mínimo que quiere o necesita la gente.

Así todo, los ávidos políticos (aquellos quienes gozan de la política como actividad y no como ciencia) han tomado este tema y han hecho visitas a terreno, opinan, dan propuestas, pero ¿habrá algún resultado de todo esto?

Sin ánimo de endosar culpas o buscar responsables, creo que el Gobierno debe tener la capacidad, o, de anticiparse y prever situaciones sociales, o de ponerse firme y dejar de destinar tiempo y recursos en apagar incendios sociales en vez de avanzar con lo planificado. Creo que el llamado “gobierno ciudadano” es más bien un “gobierno del berrinche y complacencia”. Otro ejemplo de esto vamos a ver con la CUT que ya hizo llamado a paro para fines de agosto.


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