martes, 24 de abril de 2007

Como Agua y Aceite

Felipe Joui
Cientista político


La semana pasada Sebastián Piñera estuvo de viaje por los Estados Unidos, no es un secreto que estuvo en seminarios y convenciones y reunido con asesores financieros para investigar un poco más sobre sus opciones de separar sus negocios con sus aspiraciones presidenciales.

Si bien no se ha lanzado una candidatura oficial, ni el partido RN ha dado una versión final de parte de la directiva, se puede decir que Sebastián Piñera ya está tanteando terreno en su carrera hacia las próximas elecciones. Esto por los resultados de la última encuesta CERC que lo señala como el político con más futuro, subiendo 3 puntos en comparación a diciembre, por las últimas apariciones en los medios, siendo la noticia su viaje a Estados Unidos. Este domingo estuvo de invitado a importantes programas de actualidad y opinión política como son Estado Nacional (TVN) y Tolerancia Cero (CHV), donde los temas apuntaban a la posible nueva candidatura del empresario y la secularización de sus intereses privados con los públicos o en otras palabras económicos y políticos.

En las elecciones pasadas Piñera alcanzó un 47% de los votos y no logró ser electo. Una de las conclusiones claras fue que no se produjo el trasvasije del 100% de los votos de Lavín al candidato de RN, lo que demuestra que hay un sector de derecha que no apoya a Piñera -Sería bueno sondear esa característica en el presente y con el escenario actual para ver si se mantiene-. Este sector seguramente no ve las buenas intenciones del empresario, ni ve con buenos ojos su condición de millonario (el 3ro más acaudalado de Chile según Forbes 2007). Además que como la gran mayoría de los políticos o personajes que han estado expuestos a la opinión pública por tanto tiempo, también tiene tejado de vidrio en algunos temas, y la gente no se olvida del escándalo Piñeragate, el del espionaje telefónico con Evelyn Matthei.

Por otro lado, los que creen en él reconocen su condición de empresario exitoso que lo ha llevado a tener la mayor fortuna número 799 del mundo (Forbes 2007). Piñera alega que tanto Lagos como Bachelet han prometido una “ley de regulación” que no sólo se aplica a su caso (es más, en estos momentos Piñera no tiene cargo público alguno) sino que también a muchos diputados y senadores que tienen negocios privados. Piñera nos habla que su interés en la presidencia va por que el país necesita una inyección de emprendimiento para aprovechar la oportunidad única que vive y va a vivir por un tiempo, oportunidad que tiene tres características o factores: Crecimiento mundial del cual Chile se beneficia y no puede quedar atrás, tratados de comercio que el país ha logrado en los últimos años, de estas dos características se puede deducir la tercera, que es resumir el auge mundial y de muchos países que han estado logrando cosas importantes, Chile también puede aprovechar y no debe quedarse atrás.

Para estos propósitos Piñera señala “que se desligará de toda actividad privada”, señala también que desde que está en el mundo de la política ha dejado de lado la parte privada y se ha dedicado al servicio público (cuestionable si en ese tiempo consiguió los directorios de LAN, CHV y Blanco y Negro por nombrar los que se me vienen a la cabeza), que de no haber ley de regulación (que es el escenario más probable) “tomará todas las medidas necesarias” para desentenderse de sus negocios, medidas que son básicamente tres: Fideicomiso ciego (un directorio que se haga cargo de sus negocios), invertir fuera de Chile y hacer inversión en rentas fijas. Las dos primeras catalogadas de cuestionables o insuficientes, con buenos argumentos por cierto, por uno de los panelistas de los programas donde estuvo Piñera el domingo.

De lo anterior se pueden desprender dos visiones que surgen del debate de la relación entre poder político y poder económico y si son o pueden ser compatibles, o no:
Por un lado los que apoyan al empresario creen sus propuestas de servicio público, ven en él un hombre exitoso y emprendedor, y lo más importante ven a alguien con suficiente riqueza como para querer buscar algún beneficio propio y que en verdad sus intenciones son sinceras para el bien del país, ya que no necesita valerse de los intereses estatales para alimentar intereses personales (tema recurrente en los gobiernos de la Concertación).
Pero por otro lado (incluido un sector importante de la derecha) hay quienes ven desconfianza y entienden que “no hay techo”, que siempre se puede tener más y que es muy difícil poder separar las riquezas personales del servicio público y no utilizar información privilegiada que da un alto puesto, en este caso el mas alto que pueda haber, para beneficio personal.

Creo que claramente éste es el debate que debe solucionar Piñera, y convencer a la ciudadanía de sus intenciones y que sus métodos para separar estos dos temas son afectivos e infalibles y desmarcarse de su rol de empresario, solo así conquistará a los indecisos y al sector de la derecha que no cree en él ni siquiera como mal menor. Manejarse sin errores comunicacionales, liderando las votaciones de opinión publica, pero evitando la sobre exposición dado que quedan 3 años del gobierno actual todavía. Estas son las principales tareas que debe superar de buena manera para llegar a La Moneda.

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domingo, 15 de abril de 2007

Ahora le toca a la educación

Felipe Joui
Cientista político


Hace un año atrás los escolares y temas de educación eran los que hacían noticia. Esta semana y un año después de la llamada “revolución de los pingüinos” el tema educación vuelve a ser noticia y a marcar la agenda del país.

El nuevo proyecto de reforma a la educación busca, en sus doce puntos clave dentro de los 70 artículos que contempla la iniciativa, mejorar la calidad de la educación y lograr igualdad de oportunidades.

El primer punto en el que me quiero detener y resaltar no es el proyecto en si, sino el “momento político” en el que se presenta este proyecto. Momento donde el Transantiago sigue haciendo noticia con los dichos e “intuiciones” de la presidenta, las culpas de quien entregó o no la información errónea, la necesidad de la presidenta de salir de gira por regiones para demostrar que Chile no es solo la capital, y así suma y sigue con los coletazos del Transantiago. También se busca acallar a los estudiantes que buscan respuestas y reacciones de la crisis del año pasado. Revivir esas manifestaciones es lo último que le puede pasar a este gobierno en este momento. Era necesario demostrar que se están haciendo otras cosas y cambiar el tema de la agenda y desviar la atención de la opinión pública.

El proyecto tiene varios aciertos que apuntan a la igualdad de oportunidades y acceso a la educación, como el respaldo a las niñas embarazadas, también creo que es un acierto la preocupación por los requisitos para ser sostenedor ya que no cualquiera puede estar ofreciendo educación. Pero hay dos puntos que han sido los más discutidos de esta reforma, puntos que no aportan nada en lo que realmente se busca mejorar que es la “calidad en la educación”

El primero de ellos es la no selección de estudiantes, lo que limita y perjudica a los establecimientos con tradición de excelencia que han proporcionado importantes personalidades del país, como presidentes, ministros y parlamentarios. Hablamos de colegios como el Instituto Nacional (6to mejor en PSU a nivel nacional), Carmela Carvajal, José Victorino Lastarria, Liceo 1, colegios que han logrado ser los mejores municipales y lograr una educación de calidad. En este punto se ha dicho que “se esta nivelando hacia abajo”, que pasará si se masifica la entrada o se cambia el nivel o año de selección (se propone en 1ro medio), claramente va a afectar al rendimiento de estos y otros establecimientos tradicionales de excelencia académica, y que son únicos exponentes de una educación estatal de calidad. Siempre se ha mencionado la diferencia de calidad entre colegios particulares y municipales, y con esta medida, a mi modo de ver, solo se acentúa esta diferencia.

El segundo punto por decir lo menos, polémico, es el que hace alusión al fin del lucro en la educación. Esta medida por donde se le mire no busca mejorar la calidad de la educación ni tampoco veo que apunte a mejorar el acceso o igualdad de oportunidades. Esta medida claramente limita y perjudica a los privados quienes ya no verán incentivo alguno en invertir en educación. No es secreto quienes tienen los mejores puntajes en los sistemas de medición (promedio puntaje ultima PSU: particular pagado 600, particular subvencionado 502, municipalizado 475 fuente: El Mercurio 10 de abril) esta medida en vez de ayudar o fomentar los colegios municipalizados, donde están los problemas, se está desincentivando a los que aportan los buenos resultados. Está claro que el estado no puede hacerse cargo solo en este tema. Lejos estamos de los tiempos del Estado Benefactor y más aún el Estado chileno ha demostrado ser bastante ineficiente en varios sectores (el reciente EFE, por nombrar alguno). Me parece importante proponer un mayor control y requisitos a los sostenedores, pero no me parece lo que está proponiendo el gobierno.

Si vemos los comentarios y entrevistas a expertos, tanto investigadores (Libertad, CEP, entre otros) como personajes entendidos en la materia (ex ministros de educación, Aylwin y Brunner) concuerdan en lo erradas que pueden ser estas medidas. Incluso Joaquín Lavín se ha manifestado en el tema mandándole una carta a la presidenta Bachelet, si bien no lo sigo ni es uno de mis personajes favoritos, creo que también hay que destacar cuando hace algún aporte interesante (http://editorial.elmercurio.com/archives/2007/04/carta_a_bachele.asp). Si los expertos (y no hay que ser experto para darse cuenta de que algo anda mal) dan cuenta de este error, como es que el gobierno lanza iniciativas tan erradas, quienes son los asesores y los técnicos estudiosos que elaboran estas propuestas me pregunto yo. Palabras como “estatismo”, “sesgo ideológico” han salido de boca de la oposición. El actuar del gobierno da cabida a estas palabras y adjetivos. No es (al menos mi idea) criticar cada iniciativa ni cada actuar del gobierno, pero en esta oportunidad, una vez más, se está dando cátedra de cómo “hacer mal las cosas”. Esta semana le toca a la educación tener el sello de la Concertación, asi como el transantiago una modificación que nos deja peor que antes.

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miércoles, 11 de abril de 2007

Primer año de Bachelet ¿Ultimo gobierno de la Concertación?

Felipe Joui

Cientista Político UDP



Michelle Bachelet comenzó su mandato con un gran apoyo popular, esto gracias en gran parte a su carisma, cualidad que hizo la diferencia y le permitió ganar las elecciones. La oposición en cambio ponía en duda su falta de argumentos y herramientas para gobernar un país y hacer frente al desafío que esto significa. Al comienzo del mandato se creó gran expectación por la paridad de género en el gabinete y por el bullado gobierno ciudadano, como principales novedades en el estilo de gobernar de la primera mandataria mujer.

Pese a que la presidenta fue trabajando algunas de sus debilidades, como su manejo comunicacional y su relación con las élites, le fueron saliendo al camino dificultades (algunas más esperadas que otras) que no supo o no ha sabido abordar con completo acierto y eficiencia. La revolución de los pingüinos fue la primera crisis que tuvo que hacer frente, que le costó la salida al ministro y con un gran saldo negativo para el país producto del mal manejo de crisis presentada por el gobierno.

Chile deportes y casos de corrupción también fueron calando hondo y despintando el actuar del gobierno, más aún cuando se destapa el escándalo Depassier, quien dijo tener un título que no tenía. La crisis del PPD y el quiebre de relaciones de algunos de sus miembros importantes sin duda debilitó a la coalición de gobierno.

Sin duda el mayor dolor de cabeza que ha tenido el gobierno es el Transantiago, con todos sus problemas de planificación e implementación, con un mal manejo comunicacional, reacciones tardías e inadecuadas. La salida del ministro Espejo, quien puso la cara e hizo frente a los medios y opinión publica, mientras todos -incluida la presidenta- estaban de vacaciones, no fue bien recibida por la opinión pública. Si pensamos, sacar al ministro del cargo una vez puesto en marcha el plan de transporte público, es más un castigo (innecesario e injusto si se quiere) que una medida para enmendar rumbo, ya que un nuevo ministro no va a resolver los problemas de planificación e implementación que muestra el proyecto, es más al poner un equipo totalmente nuevo a cargo, si bien puede producir mejoras, lo hará a costa de un periodo de evaluación y entendimiento del problema desde adentro para buscar soluciones adecuadas, proceso en el que debiera estar el equipo que ha estado al mando hasta ahora. Creo a mi modo de ver, que este es otro ejemplo de “como hacer las cosas mal” del gobierno.

La falta de liderazgo de la presidenta queda plasmada en sus declaraciones al ponerse en marcha el nuevo plan de transporte con las consecuencias que ya conocemos y declarar “yo sugerí posponer una vez más el lanzamiento del transantiago”. Como bien dijo Navia y Paulsen,(entre otros) tanto en radio como en televisión, un presidente no está para sugerir, sino para tomar decisiones y decir que es lo que hay que hacer, y luego hacerse responsable por esta decisión tomada. Tampoco cuenta sólo manifestar “indignación” frente a ciertos hechos o problemas que se presentan por una mala decisión. Al no haber un liderazgo claro, centralizado y personalista, las miradas apuntan a otros sectores, tales como los ministros y los partidos, quienes son los que están tomando las decisiones y “sugiriendo” los cambios.

Otro hecho que me llena de indignación es la cantidad de manifestaciones (autorizadas o no) que han terminado en violencia y vandalismo. Partiendo por la crisis de los pingüinos, hasta las protestas por el transantiago, pasando por el mal llamado “día del

joven combatiente”, apodado por muchos “día del joven delincuente” ya que en eso se convirtió, día que se promovió y se dieron ciertas luces de que se podía hacer desorden. Esto se da a entender cuando se le da cobertura de prensa, se muestran los “preparativos” de carabineros para “hacer frente” a manifestantes, se permiten tácitamente desmanes si la jornada laboral termina antes por los “posibles desordenes”. Con esto se da pie y cabida a hechos e imágenes cada vez más vergonzosos en este país, como lo fue sin duda, la cobarde patada voladora a un carabinero y el no menos valiente atentado contra la magistrada Chevesich. Este no es el camino a un “gobierno ciudadano” y menos el camino a seguir si se quiere lograr un país moderno que se jacta de una democracia estable.

Todas estas crisis por las que ha pasado el 1er año del gobierno Bachelet y que han significado ya dos cambios de gabinete, han mermado la popularidad y posición tanto del gobierno como de la figura de la presidenta. Esto al punto que los mismos personeros de gobierno han declarado que ya no son necesarias las sonrisas de Bachelet, sino que su actuar más eficiente.

Estas crisis sin duda han afectado a la población, lo que se ha visto reflejado en las últimas encuestas y sondeos de opinión pública. El malestar popular, aparte de expresarse en las calles con manifestaciones, se puede proyectar a las elecciones y como se comportarán los votantes, quienes castigarán o le darán continuidad a los gobiernos de la Concertación con el voto. Creo que va a ser muy difícil para la población superar la crisis del Transantiago, crisis que por lo demás no ha terminado y le queda para rato. Por lo general los gobiernos son recordados por los hechos marcan en un principio y al final, por esto veo en el Transantiago la espina que llevará enterrada los próximos años que quedan de gobierno.

En la oposición deben estar sacando proyecciones positivas a sus aspiraciones de volver a la moneda ya que de verdad este, el peor momento de la concertación y que ha sido el primer año del gobierno de Bachelet, puede marcar el fin de los gobiernos consecutivos de la coalición de centro izquierda en Chile.

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